sábado, 16 de enero de 2010



Así, el Nodo Lunar Sur expresa efectivamente una tendencia kármica dado que es la síntesis de la experiencia reciente, no necesariamente considerada en sentido negativo, sino como lo que es, una serie de acciones a las que siguen las correspondientes reacciones, como en todo el universo. Hay por tanto en el Nodo Sur un vasto aprendizaje realizado en vidas pasadas, sobre el que tenemos ya un dominio más o menos acabado en el nivel de evolución en el que ahora nos encontramos, y que por tanto, no es necesario seguir reiterando, aunque nada lo impide. Y es aquí donde se evidencia con total claridad la dirección inversa de los Nodos Lunares respecto de los asuntos de la personalidad: Mientras más facilidad encuentro en cierto ámbito, mientras más sobresalgo en cierta área de la vida o la actividad, cuanto más talento innato parezco poseer - especialmente en la adultez joven - para desarrollar ciertas tareas, probablemente mayor será el magnetismo profundo que me lleve, al paso de los años, a no poder centrar mi vida en aquello.

Como se dijo antes, el eje Nodal debe considerarse siempre en sus dos polos simultáneamente, pues no es un trayecto lineal, sino espiralado y de integración. ¿ Integración de qué ? Del pasado, con todos sus atributos y excesos, al presente, y hacia una nueva dirección que complementa el trayecto anterior. Por tanto, no se trata de abandonar nuestros talentos y cualidades, o de simplemente cortar con todo aquello que alguna vez nos costó esfuerzo hasta obtener su dominio; lo más probable es que la vida, cuando se intenta vivir a consciencia, nos vaya llevando insensiblemente hacia el descentramiento respecto de aquella conducta, de aquella cualidad o talento; no para dejarla, sino para convertirla en una mera herramienta de algo más, y no en la cúspide de nuestra personalidad o actividad. Y eso no es fácil, ya que la personalidad busca sobrevivir y potenciarse sobresaliendo en sus talentos, por lo que trascender el Nodo Sur lo experimenta como un renunciamiento, y a menudo, como una pérdida, aunque evidentemente ésta es sólo aparente.

Sin embargo, no debe creerse que esto ocurra tempranamente en la vida. El eje Nodal no es un asunto de la personalidad, aunque se exprese a través de ella, y por tanto, lo más frecuente es que estos dilemas aparezcan en la edad media o incluso en la madurez avanzada. Antes, los desafíos están centrados en la personalidad con sus propios jirones y fragmentaciones. Por lo general, nos pasamos muchos años de la primera mitad de la vida atrapados en reacciones lunares, y el sólo hecho de integrar la personalidad con todos sus aspectos, con un núcleo solar más o menos estable, exige un trabajo consciente que puede insumir gran parte de la vida o ni siquiera lograrse. Antes de alinearnos con el eje de los Nodos Lunares debemos constituirnos, tomar cuerpo y forma, de lo que se deduce que muchos de nosotros no avanzaremos un ápice en el camino del alma si no logramos progresar en la integración de la personalidad; del eje Nodal, sólo experimentaremos su polo Sur, repitiendo mecánicamente lo conocido.

En nuestra experiencia, cuando la personalidad florece como un cuerpo más o menos integrado, una apenas perceptible llamada subterránea nos lleva a hacer espontáneamente cosas o actividades que nunca antes hiciéramos, o a dar importancia a asuntos que antes descartáramos. La atención a esas señales - a menudo catalizadas, como dijimos, por encuentros con ciertas personas, o lecturas - nos puede alinear en este eje, de modo de llegar a expresar todo su potencial, convirtiéndose así en el centro de nuestra vida, y con respecto al cual todo lo demás pasa a constituir herramientas. Es posible que esta llamada nos lleve a cambios de vida o no, pero por lo general son cambios paulatinos e insensibles, en los que la principal modificación no es tanto el hacer como el acento interno que se pone a la acción, a la actividad. Hay otra intención, y una sensación interna muy diferente, que se parece mucho a la intuición de que “esto es lo que tengo que hacer”, o “fue para esto que vine a la vida”, es decir, lo que mencionáramos antes, de comenzar a arraigar la propia vida en el dharma, en lo que se experimenta subjetivamente como “lo que debe ser” para la propia vida. Es una nueva visión de lo mismo que había antes, un nuevo enfoque de lo que ya está, pero que transforma la vida entera de una forma sutil, centrándola en aquello.

Así pues, no se debe considerar que se debe cerrar la puerta al pasado y comenzar desde cero en otra actividad desconocida, como si nos mudáramos de trabajo y país dejando todo atrás. Viajamos con todo lo que ya ha sucedido hacia un futuro que puede ser diferente. Asumir el Nodo Norte no es un punto definido ni definitivo tampoco y nunca se puede dar por completamente acabado en una encarnación. Cuando el trabajo personal progresa, la mayor parte de las veces el ascenso Nodal significa tomar todo ese pasado que era el centro de mi vida y emplearlo como una herramienta en una nueva dirección, complementaria de ese pasado, en el que se anida.

Continúa en Los Nodos Lunares Astrológicos (2)

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