martes, 11 de enero de 2011

KORE****PERSEFONE


Una visión

Astrológico - Arquetipal

La Pérdida de la Inocencia

LAURA MORANDINI

EL MITO
Demeter (Cibeles, Ceres), hija de Cronos y Rhea y una de las numerosas consortes de Zeus, era considerada la Diosa de la agricultura y la civilización. Sus cuidados estaban dirigidos principalmente hacia su hija Kore (Proserpina Romana) quien, en la Isla de Sicilia -su lugar favorito de descanso- paseaba sin rumbo durante todo el día por las praderas recogiendo flores a las faldas del monte Etna y danzando con las ninfas en la tranquila llanura de Enna.

Un día como cualquier otro, Kore invitó a sus doncellas para pasar la mañana recogiendo flores. Estas, alegres, entre cantos y risas atrajeron la atención de Hades (Plutón), quien paseaba en su negra carroza tirada por cuatro corceles negros. Para averiguar de dónde procedían esos sonidos, el Dios bajó de su carroza y observó a través del espeso follaje: observó a Kore sentada rodeada de flores con sus compañeras agrupadas a su alrededor. Una sola mirada bastó para convencerlo que su felicidad dependía de la posesión de esta joven criatura. Hades no sospechaba que tras este hecho se encontraba Afrodita, quien preocupada por la dureza del Dios del Inframundo y la virginidad de Kore envió a Eros para que los uniera tras el lanzamiento de sus flechas mágicas.

De hecho, hacía ya mucho tiempo que Hades había intentado persuadir una tras otra a las Diosas a compartir su lúgubre trono, pero todas habían rechazado tal honor y se habían negado a acompañarlo a una tierra oscura donde no llegaba el brillo del Sol ni el canto de los pájaros. Herido y decepcionado por los continuos rechazos realizó una promesa solemne donde aseguraba que más nunca cortejaría a una Diosa, por lo que decidiría que, en lugar de invitar gentilmente a Kore a ser su consorte, la raptaría. Otras versiones del mito narran que tras la negativa de Demeter a perder la compañía de su hija; Hades junto con el consentimiento tácito de Zeus decidiría esperar el momento oportuno y entonces, raptarla.

El momento adecuado llegó en el instante que Kore se encontraba absorta recogiendo una flor de Narciso, cuando la tierra se abrió bajo sus pies y apareció Hades montado en su carro dorado. Las ninfas temblorosas, intentaron resguardar a Kore quien entre su sorpresa y agitación dejó caer las flores y permaneció inmóvil entre ellas. Hades aprovechando la incertidumbre de Kore la tomó en sus brazos, y entre ruegos y forcejeos la montó en su carro alejándose velozmente.

Kore giró sus ojos llorosos para dar un último vistazo de despedida a la tierra madre que abandonaba mientras en un pensamiento amoroso hacia Demeter imaginaba la angustia de la misma cuando la buscara en vano por todas partes sin hallarla. Gritó desesperada.

Satisfecho por el éxito de su empresa, Hades abrazó a su bella prisionera contra su pecho e intentó calmar su miedo, mientras los corceles aceleraban el paso a través del oscuro pasaje sin parar hasta llegar al trono del Inframundo.

Mientras tanto, Demeter preocupada al escuchar el llamado de su hija, retornó de los campos de grano y tras la búsqueda infructuosa, vagó desconsolada mientras la aprensión la envolvía. Llego la noche y con antorchas en ambas manos deambuló por la tierra llamando el nombre de Kore. Tras preguntar a Helios quién había raptado a su hija, supo que el mismo Zeus había intercedido para que Hades la hiciera su consorte. Ante tal noticia, sus tareas diurnas fueron completamente desatendidas tanto que la lluvia dejó de refrescar la tierra, el grano fue secado por los ardientes rayos del Sol mientras Demeter continuaba llamando a Kore. Finalmente, cansada, en su desesperada búsqueda se sentó al borde del camino, cerca de la ciudad de Eleusis, dando rienda suelta a su inagotable tristeza y jurando no volver a sus labores de Diosa de la fertilidad hasta que su hija le fuera devuelta.

Zeus, preocupado por la sequía que imperaba sobre la tierra envió a Hermes al Inframundo para convencer a Hades que devolviera a la doncella. El Dios Oscuro entonces permitió que su esposa se preparara para ir al encuentro con su madre, no sin antes ofrecerle unas semillas de granada que gustosamente Kore comió. La reina de las sombras no podría retornar a la luz por siempre, ya que quien comía en el Tártaro, a él debía volver. Fue así que se decretó que por cada grano que hubiera comido, debería pasar un mes de cada año en el tenebroso reino de su marido. Fue entonces que la ahora llamada Perséfone debió permanecer seis meses de cada año con Hades y el tiempo restante en la soleada y fértil tierra junto a su madre.

Hermes fue el escogido para acompañar a Pérsefone en su camino de salida y vuelta del Hades. Cuando llegaba a la tierra, esta florecía y se llenaba de verde a su paso; mientras que a su regreso la naturaleza afligida por su partida entraba en un ciclo de aridez y frialdad.

Cada vez que se cerraban los portales del Hades, Perséfone se convertía en la Reina de las Sombras portando una antorcha en una mano y una granada en la otra, guiando a las almas en el mundo de los muertos.

ASPECTOS PSICOLOGICOS
El arquetipo Kore/Perséfone describe dos formas de estar en el mundo que son de naturaleza antagónica y complementaria. Antes del rapto por parte de Hades, el mito narra la vida fresca y despreocupada de la doncella Kore, aludiendo a una personalidad pasiva, tímida, introvertida, orientada a la no acción, complaciente, con dificultad para tomar sus propias decisiones y proyectar sus metas en acciones concretas. También es una joven no conciente de su belleza y sensualidad, transmitiendo a los demás una imagen aniñada y desprotegida. Vive el momento presente vagando de un lado a otro, despreocupada de sus obligaciones, fantaseando acerca del futuro y pensando que siempre habrá alguien que responderá a sus necesidades: si de joven es su madre quien se ocupa de ella , en la vida adulta será una figura masculina poderosa.
A Kore la motiva aquello que le causa placer, ella responde automáticamente hacia la búsqueda de la satisfacción de sus necesidades inmediatas sin proyectarse más allá de lo que sus sentidos puedan captar. Sus acciones estarán encaminadas en mantener la estabilidad de su mundo paradisíaco, donde el mal, el sufrimiento y las carencias no parecieran hacer parte de su campo de experiencia. En su psique, los males del mundo atacan a otros, no a ella.

Evolutivamente, en sus años de juventud actúa según lo esperado socialmente: será una niña obediente, probablemente con padres tradicionales que le refuercen la manera adecuada de estar en el mundo. Si estudia en la universidad será sin un real compromiso intelectual con lo que realiza y es probable que lo haga para complacer a unos padres exigentes o sencillamente porque es el camino que ha sido trazado por las personas de su generación. Si trabaja, se desempeñará en ambientes cercanos a la familia o dentro del núcleo familiar, sin saber si está realmente satisfecha o realizada con lo que hace. Estas vivencias muestran a una eterna adolescente, que teme crecer y enfrentarse al mundo; teme tomar sus propias decisiones y lo que le resulta más difícil: mantenerse comprometida con las mismas. Es típico que una Kore participe en alguna actividad por simple curiosidad o entusiasmo infantil pero que huya asustada una vez que sea necesario involucrarse de forma responsable.

Kore pareciera andar por la vida llevada por corrientes exteriores que la mueven de un lado a otro sin un rumbo definido, pero al mismo tiempo en ella actúan fuerzas interiores que la van preparando para introducirla al mundo desconocido de los muertos. El mal parece estar también interesado en ella.

En sus relaciones de pareja Kore tenderá a atraer hombres de personalidad fuerte que la protejan y la mantengan en su posición de fragilidad e inexperiencia, sin posibilidad de un diálogo “entre iguales”, donde ella no desafíe la autoridad del hombre que la mantiene y cuida en sus necesidades materiales. Probablemente este sea un primer intento de Kore por separarse de su madre, sin darse cuenta que ha cambiado a un personaje dominante por otro. Es la trampa para creer que ha crecido, que ya es mujer, pudiendo pasarse toda la vida en la tranquilidad de no asumir su identidad y vivir como reflejo del otro. Pero llegará un momento en su vida que las corrientes subterráneas que la han guiado y protegido en sus elecciones la confrontarán con una situación dolorosa de pérdida o separación - el rapto- que la colocará del lado de la experiencia que tanto ha querido evitar: la pérdida de seguridad, la pérdida del paraíso.

Esta vivencia de secuestro por las sombras podrá ser experimentada de muchas formas: como la muerte de un ser querido, la ruptura de una relación afectiva, una experiencia sexual negativa, una violación o, en el mejor de los casos como una profunda toma de conciencia de la monotonía y falta de sentido de su propia vida. Kore, una vez que ha vivido el rapto empezará gradualmente a tomar conciencia de su propia individualidad, encontrara en sí misma lo que antes recibía de los demás: en lugar de ser alimentada aprenderá a alimentarse por sí misma, a confiar en sus intuiciones y a tomar sus propias decisiones. Sus relaciones estarán centradas en compartir y no sólo en recibir, y descubrirá que a través de su propio proceso y crecimiento podrá servir de guía a quienes deseen explorar las profundidades de la psique. En este nivel ya sabrá moverse con comodidad entre el mundo de la realidad concreta y el de las profundidades ocultas, ya sus temores de permanecer por siempre en el Inframundo habrán cesado, ya sabe que la vida es un constante fluir de luz/sombra donde es necesario vivir ambos aspectos de la realidad. Y será entonces que ella podrá mostrar a otros lo que ha aprendido.
Kore ya es Perséfone y todo lo que sabe es producto de su vivencia emocional, de su desarrollo como ser independiente a través del dolor y la confrontación con las partes más oscuras y desagradables de sí misma y del entorno.
Una vez que Kore se ha dejado llevar por la experiencia al comer las semillas de granada se convierte en una Diosa dual terrena y abismal. Ella oscila entre ambas naturalezas en un proceso de crecimiento constante. Cada descenso de Kore hacia el Hades hace que regrese como una Perséfone más madura que pueda mostrar en el mundo concreto lo que ha aprendido en el Inframundo. Así mismo, en cada descenso, al conectar con lo intangible ella recuerda su conexión con lo terreno para no quedar perdida en el mundo de las sombras.

PERSPECTIVA ASTROLÓGICA

Si la experiencia Plutoniana del rapto ha sido integrada a la conciencia, probablemente vivirá las próximas experiencias con mayor sabiduría porque estará más madura para afrontar los cambios de la vida. Cuado se encuentre viviendo el polo seguro de la existencia tendrá sed de profundizar en el Averno, y cuando se encuentre junto a su consorte, sentirá la añoranza de la vida tranquila terrena. Sin embargo una Kore que ha sido raptada una vez no volverá a ser nunca más la misma. Plutón/Hades como maestro iniciador nos transforma completamente si aprendemos a saborear, digerir y asimilar las semillas de la Granada.


Eje Tauro-Escorpio
A través del elemento tierra en su dinamismo fijo (Tauro) la Divinidad conecta al ego con la experiencia material, la fertilidad, la producción, con la posibilidad de llevar a cabo construcciones concretas para mostrar al hombre que es posible alcanzar estabilidad, seguridad y paz. Es a través de la experiencia del trabajo constante de la tierra y la paciencia para esperar los frutos de la misma que el hombre aprende a fluir con los ritmos de la naturaleza. Pero la energía de Tauro -como de cualquier otro signo- puede expresarse a un nivel inferior/autocentrado o superior/trascendente. Si esta energía no es canalizada hacia el exterior en forma de obras tangibles permaneciendo condensada sin fluir hacia afuera, expresará los defectos del signo: codicia, deseo de poseer más allá de lo necesario, búsqueda de placer y seguridad a través de lo material así como resistencia al cambio. Por otro lado, si la energía fluye de forma natural entonces tenemos a un espíritu que disfruta de los bienes materiales, conciente que son transitorios y herramientas para materializar obras con sentido trascendente, que los resultados tangibles de nuestras acciones no son para nuestro goce egoista, si no que pueden alimentar a otros permitiéndonos crecer juntos.

Al ser Kore/Perséfone un arquetipo doble, el análisis astrológico se mueve entre los dos signos fijos tierra/agua : el eje Tauro/Escorpio. Kore necesita la experiencia que le provee Escorpio para conocer la expresión superior y transpersonal de su signo: es posible alcanzar la paz en el mundo terreno y esta no depende únicamente de lo que tenemos ni de mantenernos aferrados a lo que conocemos. Escorpio le permite conocer otras verdades que la complementan y la conectan con el lado superior y trascendente de su esencia terrena.

LAS PRUEBAS DE KORE Y ASPECTOS NO INTEGRADOS

Cuadraturas Tauro/ Leo – Tauro/ Acuario
Oposición: Tauro/Escorpio

La Cuadratura con el signo de Leo aparece en el mito con la figura de Zeus, el padre. Es la ausencia del mismo (real o imaginaria) que no ha permitido desde los primeros años de vida de Kore poner límites a la relación madre- hija para favorecer la separación entre ambas. El padre es la figura arquetipal que representa al tercero, es decir, quien al entrar en escena rompe la relación dual promoviendo el crecimiento. El Sol es el principio guía en la búsqueda de la individualidad y en el descubrimiento de sí mismo, pero Kore no tiene aparentes intenciones de vivir por sí misma, ella se siente cómoda viviendo en dependencia. Con esta cuadratura la energía solar de Kore se encuentra comprimida y retroalimentada en una relación madre- hija. Sin embargo el destino debe cumplirse, entonces aparece Zeus: él consiente el rapto por parte de Hades en el momento que Kore está completamente absorta en si misma obteniendo placer oliendo una flor de Narciso. La cuadratura se expresa en el placer sensual autocentrado Tauro/Leo, es una posición que la desconecta de su entorno y de sus relaciones, quedando en una posición narcisista que no la hace conciente de los peligros a su alrededor. Entonces se abrirá la Tierra despareciendo súbitamente la seguridad.
La cuadratura a Acuario desde Tauro nos dice que los cambios de Kore serán rápidos y abruptos como el rapto. Es la negación a establecer relaciones más allá de lo que le aporte seguridad, es su temor a relacionarse con personas que la confronten con el desapego: ella no sabe establecer relaciones libres si no de dependencia. Esta cuadratura expresa su indiferencia por todo aquello que no esté dentro de su campo de interés inmediato, es la falta de curiosidad por lo novedoso, diferente, excitante y todo aquello que la saque de su mundo plenamente establecido y controlado. Le asusta la libertad de pensamiento, este aspecto confronta la rigidez intelectual de Tauro con la intuición visionaria de Acuario: es el desprecio por lo vanguardista, que no es más que el temor de un espíritu conservador extremo frente a la incertidumbre del cambio. No tolera romper su rutina, de manera que los cambios le serán impuestos por el destino: es quien tiene un trabajo seguro y repentinamente lo pierde, se siente en el vacío y con temor al futuro. Vivir y comprender esta cuadratura la ayuda a soltarse y a estar más abierta hacia nuevas experiencias.
Los aspectos inconscientes, oscuros y sombríos son vividos desde el signo opuesto Escorpio. Sabemos que Kore/Tauro se opone al cambio, no desea perder su estado paradisíaco de inocencia, desea permanecer en certidumbre y confort. La profundidad de Escorpio le asusta, es entrar en terreno desconocido, intangible, lo oculto la llevaría a conocer “más allá” de lo concreto y conocer supondría conciencia. Kore no desea conciencia, los demás pueden decidir por ella; mientras ella se mantiene del lado seguro de la existencia.

Después de vivir sus experiencias de cuadraturas: consentimiento paterno (Leo) y subsiguiente rapto (Acuario), le toca el descenso al inframundo junto a Hades (Escorpio). Los personajes que llevarán a Kore al crecimiento interno serán de tipo plutoniano, pudiendo ella tener el libre albedrío de resistirse a vivir su mito o entregarse a la experiencia. Si se resiste nunca probará el alimento del Hades y quedará colgando del Narciso con la tierra abierta bajo sus pies, sin pertenecer a ninguno de los dos mundos. Si se abandona y fluye con el señor de las Sombras -quien no es más que el guardián del umbral- tendrá la oportunidad de transformarse y vivir una experiencia iniciática, donde todos sus puntos de referencia externa quedarán cuestionados. Ahora se tiene sólo a sí misma y es a través del contacto con sus partes más oscuras e incomprendidas que podrá descubrir la existencia de un mundo mucho más rico que la alimenta interiormente. El precio es la conciencia de saber que su paraíso ya no existe pero ha descubierto en su interior una oscuridad llena de luz. Ahora sus sextiles a Piscis y Cáncer se transformarán en un gran trígono desde Escorpio. Ya habrá cambiado de nombre, y de ser una doncella más, ahora tendrá nombre propio: Perséfone.

ASPECTOS NO INTEGRADOS

Semisextiles Tauro/Aries – Tauro/Géminis
Quincuncios Tauro/Sagitario – Tauro/Libra
Los aspectos no integrados de Kore son aquellos que astrológicamente no comparten elemento, dinamismo ni polaridad por lo que al no tener un punto de conciliación se encuentran alienados dentro del campo de la experiencia y de la conciencia.

El semisextil de Kore con Aries es su inconsciencia sobre las necesidades de crecimiento, independencia y autoafirmación. No le interesa imponerse a otros para que sepan quien es ella, tal vez porque hasta ella misma desconoce su identidad. Este aspecto indica el temor a lo masculino, a la violencia, Kore más bien se muestra como un espíritu pasivo acomodado. Prefiere mantener la paz en las relaciones evadiendo los conflictos, lo que a los ojos de los demás la coloca como acomodaticia y complaciente. Una imagen de niña buena que pudiera resultar peligrosamente explosiva por la energía marciana almacenada en su inconsciente.
El semisextil a Géminis describe su condición de hija única: desconoce lo que son las relaciones fraternales. No se interesa por el establecimiento de contactos con otras personas y mantiene una actitud pasiva ante las relaciones. Se le dificulta compartir intereses intelectuales, pudiendo llegar a mostrar una faceta de apatía intelectual. Sus desplazamientos no van más allá de sus territorios conocidos y la rigidez de Tauro no le permite adaptarse con facilidad a las situaciones cambiantes, por esto tenderá a refugiarse en su mundo conocido.
El quincuncio hacia Sagitario indica que Kore no se plantea el problema de la libertad y la independencia. Ella no sabe cómo manejarse en situaciones donde deba tomar sus propias decisiones, le cuesta tener conexión con sus metas y saber hacia donde dirigir sus energías. Le falta asertividad en sus actos porque deja que sean los demás que decidan por ella. Prefiere entregar su libertad y se mueve en una atmósfera de incertidumbre frente al futuro, la energía vital está dispersa en muchas direcciones sin saber hacia qué objetivo exacto dirigirla. Debe descubrir su propia verdad, para entonces saber hacia donde desea dirigir su existencia.
Con Libra, su relación de quincuncio se expresa como la inconsciencia acerca de su poder femenino, belleza y capacidad de seducción. Recordemos que Kore seduce a través de la desvalidez para obtener lo que desea y no a través de la sensualidad. Este aspecto nuevamente expresa la dificultad relacional de Kore (al igual que Géminis, signo de Aire). Kore no desea salir de su estado de dependencia materna para entablar relaciones maduras de intercambio mutuo. No se involucra con personas que sean diferentes a ella, sólo comparte con las ninfas, que son otras “Kore” como reflejo de sí misma. Este aspecto también puede ser experienciado como desprecio por la fealdad, lo que la coloca en una posición de superficialidad y juicio de otros por su aspecto físico. Recordemos que Tauro y Libra comparten a Venus como planeta regente. Por último, el quincuncio puede indicar que ante situaciones de injusticia, Kore puede actuar con indiferencia, dejando que las situaciones se mantengan como están por la incapacidad de decidir y asumir las consecuencias de sus actos.
Este mito nos recuerda que las experiencias dolorosas de la vida tienen un sentido si las interpretamos a la luz de nuestro mundo interno y de nuestro crecimiento interior, si las hacemos parte de nuestra vida y fluimos también con aquello que menos nos gusta. Tal vez las situaciones y personajes más oscuros que encontramos a lo largo de nuestro camino sean las verdaderas oportunidades para ver dentro de nosotros aquello que de otra manera, nunca hubiésemos sospechado que existía.

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